Mundo Dedé

Borradores de la mitad de mí


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Veinte aniversario

Me han abandonado varias veces. Algunas como un perro, sí. Es doloroso, todos lo sabemos. Algunos lo han sufrido más que otros, como un tajo en el estómago. Algunas, también. Como un golpe traicionero e inesperado, lleno de amor y crueldad al mismo tiempo. Lo cual lo convierte en un golpe golpe, y no en esas tonterías de las películas yanquis en las que los protagonistas se golpean cada noche suavemente en la mandíbula para dormir.

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Volver (a escribir)

“… no menos de cinco millones de desplazamientos para este puente de San José… las 7.05 en Canarias”. La radio zumba noticias con cantinela reconocible. Los temas son conocidos: botellones, malos tratos, pateras. España es mía esta mañana y el cítrico del zumo de cuatro naranjas recién exprimidas acompasa mi cuerpo con el sabor de la piel de toro.

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Cansado

Me encuentro terriblemente cansado, hundido en este sillón, sin ánimo de levantar los dedos de este teclado, aunque sólo sea para ver cosas al azar en internet. Esta mañana casi no he trabajado, podría haberlo hecho pero aquí estoy hundido en mi sillón, haciendo como que trabajo. Incluso me siento incapaz de escribir, las palabras me salen agarrotadas y sin alma, la redacción, torpe.

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Dilemas II

Ando estos días entre dos aguas. Tengo la cabeza en una orilla y el corazón flotando. Me doy cuenta de que estoy aquí pero en realidad me elevo y tengo que bajar enseguida para hacer cosas. Como por ejemplo, comprar el pan. Porque si no, seguiría ahí arriba en mi nebulosa de colchón de aire y el martes tengo que ir al médico. Las acciones diarias, las ideas y decisiones de cada minuto, todo lo práctico y funcional, vienen rodados por un mecanismo autónomo. Sigue leyendo


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Dilemas

En la piscina municipal el agua está fría al principio, es cuestión de atreverse con el primer capuzón y no echarse atrás en el último momento: con los dedos de los pies agarrando el borde, el gorrito puesto y las manos en posición de rezo. Entra un rayo de sol por uno de los ventanales verticales del pabellón y yo intento siempre colocarme en la calle de la luz, en el tramo más iluminado, para celebrar cálidamente los últimas brazadas de cada serie de cien metros.

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