Mundo Dedé

Borradores de la mitad de mí

Veinte aniversario

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Me han abandonado varias veces. Algunas como un perro, sí. Es doloroso, todos lo sabemos. Algunos lo han sufrido más que otros, como un tajo en el estómago. Algunas, también. Como un golpe traicionero e inesperado, lleno de amor y crueldad al mismo tiempo. Lo cual lo convierte en un golpe golpe, y no en esas tonterías de las películas yanquis en las que los protagonistas se golpean cada noche suavemente en la mandíbula para dormir.

Al principio, claro está, me quería morir. Como una quinceañera, igual. Con las mismas ganas de suicidio radical e inmediato, las mismas horas olfateando un pañuelo con su perfume mojado en lágrimas. Aquello duraba meses. Digamos que las rupturas me sirvieron para madurar, crecer, darme cuenta de que yo no era tan malo, ni tan poquita cosa, ni tan poco interesante. Hicieron falta muchos bofetones de ese tipo para llegar a no querer morir después de una ruptura.

Hasta hoy. Han pasado veinte años de mi primera ruptura. Ella sigue sin hablarme, ja. La diferencia está en que yo ya no le hablo, incluso me cambio de acera si la veo venir. Todavía no sé a ciencia cierta por qué empezó a ignorarme, la última vez hace un año en una notaría, como si no me conociera. Las razones son lo de menos, el caso es que la gente ignora por razones poco claras a personas a las que amaron. Veinte años. Tal es el dolor producido.

Pero no es de esto de lo que quiero hablar en mi blog. Historias pasadas. Aquí quiero hablar de ese chico que sufría tanto, un sufrimiento que era al mismo tiempo un martirio y una delicia. Un poeta romántico con granos y la muerte siempre en la punta de los pensamientos.

Supongo que como mamíferos es nuestro sino: sufrir por amor. La necesidad de reproducirnos controla cada uno de nuestros actos, al menos hasta que la biología se relaja un poquito y las hormonas dejan de parlotear como cacatúas. Pero encima es que somos mamíferos inteligentes, un azar del cosmos tan remotamente difícil que sólo se ha dado en un planeta azul en el Sistema Solar, al menos que sepamos nosotros.

Así estamos y estaremos hasta que en el 2037 se estrelle un meteorito contra la Tierra y se borre del mapa astronómico, si los científicos y un buen petardico no lo impiden, un lugar en el que vivieron seres con la capacidad de matar y ganar premios Nobel movidos por una mera necesidad de reproducirse.

Entonces, cuando un pigmeo cósmico verde lavanda estudie para su tesis doctoral Los seres humanos terrestres: una aproximación a la raza autora de la bomba atómica y Cien años de soledad, en el programa de máxima audiencia de XPT-33 gastarán cinco minutos en debatir, a grito pelado, sobre este tema.

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4 pensamientos en “Veinte aniversario

  1. A ver!! que le hiciste para que 20 años despues todavia no te hable??? y que acaso no sabe ella aquello del perdon y de dejar algunas etapas en el pasado?? no se digo yo…

  2. Un amigo (?) común dijo que yo le había contado nuestras intimidades. Por supuesto, era mentira. Sólo recuerdo un viaje en autobús a Santa Pola con este chico en el que le conté lo enamorado que estaba de mi novia. Quizás fui algo gráfico describiéndole lo bonito que era para mí estar con ella. Pero sólo le hablé de amor. Él luego me confesó que le había contado lo que le había contado con el objetivo de que me olvidara, porque seguía obsesionada conmigo (según él) a pesar de que ella ya estaba con alguien.
    Cosas de adolescentes.

  3. Cuando alguien te deja, no hay que lamentarse, sino todo lo contrario, hay que ALEGRARSE y salir a celebrar que te has librado de alguien que no te merecía y que tendrás la oportunidad de conocer a alguien mucho mejor. Así que abre los ojos y no te quedes pasmao mirando al pasado.

  4. Fue hace 20 años, Fredesvinda, está más que olvidado. Lo que pasa es que todavía me choca cuando me cruzo a esta chica por la calle o me la encuentro cara a cara en una notaría y no me saluda. Pero ya digo, últimamente soy yo el que pasa de saludarla. Antes la miraba para ver si hacía ademán de saludarme pero ahora ya, ni eso, incluso me cambio de acera si no me apetece pasar por esa situación.
    Ha habido algunas novias y parejas después, pero me acuerdo de aquella porque fue la primera.
    Desde entonces, nunca me alegro de que me dejara alguien y, tras mi luto particular por ese amor perdido, sigo siendo amigo de ellas. La penúltima recientemente me envió la foto de su primera hija. La última, es una buena amiga a pesar de que nuestra ruptura no fue fácil. Pasma0 no me he quedao.

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