Mundo Dedé

Borradores de la mitad de mí

El cansancio contraataca

2 comentarios


Ha vuelto el cansancio. Después de varias semanas en las que me he encontrado inauditamente bien, regresa este aplastamiento generalizado (aplastancio, lo llaman por ahí) que me impide dar dos pasos sin resoplar o arrepentirme al instante cuando salgo a la calle y, como consecuencia, vuelvo sobre mis pasos en busca de un butacón. Se me va el buen humor y el optimismo relativo habitual en los últimos días y caigo agotado en el primer rincón. De nada han servido el cóctel de pastillas recetadas por psiquiatras y neurólogos o las agujas de Huma, mi acupuntor.

Huma, con su camisón blanco y su barba canosa, un hombre de mediana edad sonriente y tranquilo a pesar de lo ocupado que está con tanto paciente, las clava bien clavadas. Lleva varias semanas, primero dos días a la semana y ahora uno, ensartándome las muñecas, los tobillos, las piernas, la coronilla y, más tarde, chamuscándome con mocsa (creo que se llama) la parte baja de mi columna vertebral. Parece que sepa que fue ahí donde se me interrumpió el flujo nervioso ya hace dos años y medio, un bloqueo que me impedía a veces caminar.

Experimenté cómo la energía volvía, igual que ahora se ha ido.

He decidido dejar mi trabajo, no soporto más trabajar así de cansado, aguantando estupideces, malos rollos y discusiones. No sé cómo he aguantado el año entero que llevo trabajando ahí, con todo ese estrés diario. Ahora casi lo he olvidado, gracias al cóctel de pastillas ya no lo tengo que soportar, pero hubo días en los que lloraba sin motivo alguno en el aseo de los directivos. De repente, tras unos minutos estresantes, me inundaba el aplastancio y me empezaban a arder los ojos.

Atrás quedaron muchos momentos para el recuerdo y otros para olvidar. Pero ya no puedo más. Hoy, por lo menos. Luego se me pasa, me olvido y sigo trabajando: así he estado todo este año. Menos mal que mi madre me esperaba con la comida hecha, antes de que yo desfalleciera, y que luego tenía tiempo para echarme una siesta. Y, por la noche, igual. Llegaba con las fuerzas justas para comer algo y a dormir. Así, día tras día durante 12 meses. Y los fines de semana, muerto en vida, con fuerzas nada más que para intentar recuperarme.

Estar activo me ha venido bien. Y el trato con la gente, también. He sacado fuerzas de donde no había y me ha subido la autoestima. Pero también he tenido que pasar algunos pequeños infiernos en los días de bajón. Y la verdad, ¿qué necesidad tengo yo de sufrir así?

Puede que coja un trabajo de media jornada que tal vez esté bien pagado, he tenido esa suerte. O puede que me lie la manta a la cabeza y de verdad haga lo que siempre he querido hacer. Creo que ya me toca. Pero dedicarme solamente a escribir me da algo de miedo. No quiero depender de nadie y todavía no es nada seguro que me puedan dar una pensión, algo para lo que de todas formas faltarían dos años. Lo que sí tengo claro es que mi corazón me dice que no debo posponer más mis sueños, aunque mi cerebro  me diga otras cosas.

Últimamente no puedo pensar en otra cosa, tengo la cabeza en ebullición.

Anuncios

2 pensamientos en “El cansancio contraataca

  1. Creo que podras, haz lo que mas te guste, y tu pensión se podra obtener, imagino que alguna manera existira de adelantarla, pero lo mas importante eres tu y que este bien..y se que lo estaras., asi que mira el sol cada mañana y animate.. un abrazo

  2. Gracias, Natalia, es el aplastancio el que habla.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s