Mundo Dedé

Borradores de la mitad de mí

La página en blanco

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Leo a autores actuales para ver si me inspiro después de un mes de retiro forzoso en el que no he conseguido escribir. Veo que los autores actuales son un club formado por gente poco confusa que sabe ordenar bien una frase y componerla de palabras idóneas sacadas del diccionario.

Pasando de uno a otro he leído lo que he encontrado último de Loriga, al que no frecuentaba desde sus primeros libritos, a Fresán, a Bolaño. Todos citan a Vila-Matas, al que también he leído de pasada recientemente, y de ahí a Pitol. Algunos,sobre todo Loriga, también mencionan a Cheever. Ya lo dijo en una entrevista y por eso me compré un volumen compuesto de dos novelas escritas con mucha gracia y soltura que no leí en su totalidad, ni siquiera la primera. Me dice una amiga que el bloqueo del escritor tiene un primo hermano que es el bloqueo del lector. Es verdad que leo mucho y a medias. Me canso. Tengo infinidad de cosas distintas en mi mesita de noche, voy eligiendo cada vez como el sultán en su harén, consciente de lo afortunado que es uno de poder disfrutar del trabajo de alguien cada vez que te apetezca. Es que no sabemos lo que tenemos en este exhuberante siglo XXI. Por ejemplo, me encanta no ver una buena película. Han leído bien. La película que no voy a ver porque prefiero leer una revista o dormir en el sofá, tiene que ser buena. No se duerme igual con un bodrio que con un peliculón. Así somos en Occidente. Es como quien se pide un solomillo para dejárselo en el plato sin tocar.
Leo a ver si me inspiro porque esto del bloqueo, el pánico a la hoja en blanco, es algo que me corroe desde hace ya veinte años. Ahora lo llevo mejor, no me quejo tanto y le doy menos importancia. Pero lo que está claro es que ya no voy a ser un escritor precoz, ni un enfant terrible, como mucho podría llevarme la gloria de publicar una obra póstuma, que también tiene su mística y su tirón comercial. No es una opción que me atraiga demasiado pero puestos a elegir místicas prefiero la del autor de La conjura de los necios a ninguna. Luego está la mística de no publicar, que puede ser porque eres soberanamente malo, tan malo que no te publican ni pagando, o por iniciativa propia. Esta última alternativa es la más atractiva y también la más cobarde, peor aún que la de quemar tus poemas en un rapto romántico. Eso sí, entre estos últimos está el caso de Salinger, que al parecer arguye motivos morales y puristas a su decisión de no publicar desde los años 50. Supongo que por la misma razón no verá la tele porque tiene anuncios o no leerá periódicos manchados con publicidad y me parece muy bien y muy digno y muy sobrio. Fue consecuente y decidió no prostituirse, guardando manuscritos en un cajón es difícil siquiera arriesgarse a ello.
La vuelta a la rama del árbol es lo que, con suerte, nos espera a todos por el camino que vamos.
El caso es que sigo sin escribir.


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