Mundo Dedé

Borradores de la mitad de mí


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Caution

Ayer empecé a trabajar. Es un curro como cualquier otro, no se me caen los anillos por tener que dedicarme a esto. Félix es un jefe simpatico, o eso me ha parecido en los dos días que llevo ahí. Esta vez he llegado puntual y no me ha lanzado una sonrisa condescendiente, de perdonavidas, como hizo ayer. El primer día fue un desastre, además de llegar siete minutos tarde se me cayó una botella de Carlos I y armé un gran estropicio en mi barra. No es difícil dejar relucientes las cámaras de aluminio a pesar de toda esa sustancia pegajosa. Tengo que planchar mi camisa blanca. Si no hubiera ocurrido lo que ha ocurrido, esta noche debería preparar los papeles del visado en lugar del uniforme de trabajo.

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Se reabre este diario escrito a trompicones

Hace meses de la última entrada y pido disculpas a quien haya venido por aquí y se haya encontrado esto bastante muerto. Pero es que, igual que no me gusta despedirme en las fiestas o reuniones sociales y me escabullo por no estar media hora dando besos, tampoco lo hago en el blog. Pero pido disculpas a los que creían que Mundo Dedé seguía abierto. Regreso porque casi he terminado lo que estaba escribiendo, un relato largo o novela corta. No es que sea una obra maestra que me haya costado escribir meses y meses hasta que reluciera más que el sol, es que llevaba tantos años pretendiendo escribirla que al principio ha costado. Además, reabro este diario escrito a trompicones porque cambio próximamente de país y quiero que éste sea mi medio de comunicación.

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