Mundo Dedé

Borradores de la mitad de mí

Caution

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Ayer empecé a trabajar. Es un curro como cualquier otro, no se me caen los anillos por tener que dedicarme a esto. Félix es un jefe simpatico, o eso me ha parecido en los dos días que llevo ahí. Esta vez he llegado puntual y no me ha lanzado una sonrisa condescendiente, de perdonavidas, como hizo ayer. El primer día fue un desastre, además de llegar siete minutos tarde se me cayó una botella de Carlos I y armé un gran estropicio en mi barra. No es difícil dejar relucientes las cámaras de aluminio a pesar de toda esa sustancia pegajosa. Tengo que planchar mi camisa blanca. Si no hubiera ocurrido lo que ha ocurrido, esta noche debería preparar los papeles del visado en lugar del uniforme de trabajo.


El mexicano se llama El Triunfo, imagino que el dueño del restaurante lo considerará un buen nombre para su local. Cuando, después de echarle un polvo a su mujer, contemple a sus dos escuincles (como se refiere a ellos) al volver del colegio con sus uniformes de niños bien, pensará que ese hogar lo ha levantado él con sus propias manos, sin ayuda de nadie.
Félix me descontó el importe de la botella de Carlos I, 22.50 euros. Cuando lo miré tras el estropicio, me dijo, intentando quitarle importancia al desaguisado: “No te preocupes, te lo descontamos del sueldo y ya está”. Fue sin querer, me dije, la botella estaba subida a uno de los estantes más altos. Me tuve que subir a la barra para agarrarla y aún así se me resbaló.
Hoy estaba bastante cansado, pero los 30 euros diarios que me llevo valen la pena. También comemos en el restaurante, lo que hace que ahorre en gasto doméstico. Me gusta la forma de cocinar de los mexicanos, o de las cocineras colombianas de los restaurantes mexicanos. Arroz, frijoles, pedazos de carne de puerco, mmmm.
Los compañeros son simpáticos, sobre todo el Cuate, que siempre cuenta chistes y te ríes mogollón. Hoy me ha visto en calzoncillos cuando me cambiaba y ha exclamado delante de los demás si es que fumaba por el culo, que me veía la nicotina por detrás. Es muy gracioso el tío.
La cajera debe subirse a una especie de tarima para apalancarse detrás de su caja registradora. Como el restaurante está lleno de escaleras, cada vez que salgo del pequeño comedor donde almorzamos debo subir al piso de arriba y la veo colocarse en su sitio con su faldita y sus braguitas blancas. En su caso inmaculadas, eso sí.
Otro de los compañeros me pide siempre a escondidas un chupito de whisky que se bebe de un trago, el tío. Yo se lo pongo y me lío a poner cafés. Todavía no he aprendido, a veces no encajo bien la cazuelita para prensar el café y me salta un chorro de vapor hirviendo lleno de café mojado.
Hace cuatro días no me hubiera imaginado en esta situación. No se me caen los anillos, ya digo, pero mis planes eran otros. Recibí una contestación a mi e-mail para buscar piso en la universidad de Vineyard, en Estados Unidos, donde iba a estudiar un master para el que se me había concedido una beca de ayudante de profesor que cubre casi todos los gastos.
Estaba haciendo cuentas y me di cuenta de que probablemente me iban a faltar algunos dólares al mes para vivir a cuerpo de rey. Me puse a mirar préstamos, fui a un banco a preguntar, le di a la calculadora. Pero nada. No era mucho lo que me faltaba, pero yo prefería lógicamente vivir de puta madre ahora que tenía la oportunidad. Sin embargo, no me decidía, no me apetecía estar pagando cuotas hasta el siglo que viene. Casi prefería sacarme algún dinero extra una vez allí. Eso sí, debía ser a escondidas, ya que el visado de estudiante que me había sido otorgado prohíbe expresamente trabajar fuera del puesto que me han dado como lector de español.
La propia universidad me facilitó a través de su página web la lista de habitaciones y apartamentos disponibles en su entorno más cercano. Tienen acuerdos con agentes inmobiliarios para darles ese servicio a sus alumnos. Las mejores zonas son Devon y Bryn Mawr, además del condominio de Radnor House. Así que le escribí a varios agentes interesándome por habitaciones en casitas cercanas al campus, todas rodeadas de verde y quietud, como pude ver en el Google Satélite y en el tour virtual de la web de la universidad.
Me respondió Keith, que anunciaba una casa de tres habitaciones a compartir con otros profesionales o estudiantes de posgrado. El chalecito de madera era igual que los de las películas: dos plantas, una puerta blanca de aspiración gótica, un jardín frontal (e imagino que otro trasero) y una valla de madera algo estropeada, que fue lo único que no me dio confianza, a pesar de que era un mero adorno, o quizás por ello.
Me vi inmediatamente en una de las habitaciones laterales del piso de arriba disfrutando del piar de los pájaros mientras leía en mi sillón un capítulo del Quijote. Mi portátil estaba abierto en mi mesa de trabajo y de vez en cuando emitía un sonido diciéndome que alguien me saludaba por el messenger. Mis compañeros de casa andaban por ahí, ocupados en sus cosas, y yo les preguntaba si habría fiesta ese fin de semana.
Valía la pena todo el esfuerzo de los últimos meses, los exámenes superados (cuatro horas y media uno, tres y media el otro), el enorme papeleo realizado (que hay que multiplicar por ocho, que son el número de universidades a las que presenté la solicitud con el fin de que al menos una me aceptara, como finalmente sucedió) y el dineral invertido (para una de las universidades tuve que pagar hasta una traducción jurada: 90 euros por tres folios con mi expediente académico).
Pues Keith respondió a mi petición de información. En el correo decía que la habitación ya estaba ocupada. Lo cual era una putada porque el precio era bueno, 575 dólares, y el sitio inmejorable, como ya he comentado. Lo que me sorprendió fue que no insistió en su labor como agente de la propiedad y enseguida me dijo: “Pero si te quieres ganar 100 pavos rápidos, te mando un texto para que me lo traduzcas al español. Estoy produciendo la etiqueta de un aerosol de pintura y necesito traducir un simple párrafo. Es el siguiente: ‘CAUTION:”. Y me pegaba el texto a traducir.
A continuación le respondí, ya que el hombre parecía tener prisa y traduje el párrafo. Mi traducción, de la que quedé bastante satisfecho, decía así: “PRECAUCIÓN: El contenido incluye un pequeño porcentaje de tolueno, que si es inhalado repetidamente durante un largo periodo de tiempo podría afectar al sistema nervioso y causar mareos. De la misma manera, una sobreexposición prolongada al acetato de butilo…”. Y continuaba al estilo de los avisos de los productos químicos.
Todas las web de las universidades resaltan leyendas en su página principal, que enmarcan con volutas y gárgolas digitales y que confieren al centro un aire de relumbrón y prestigio. Son leyendas que hacen hincapié en la predisposición de esos centenarios antros, criaderos de republicanos invasores y demócratas pusilánimes, hacia la igualdad y el respeto de todos los seres humanos por igual. Algunos también subrayan un código de honor que, ¡en la vida que tengo!, dan relevancia insospechada a la mentira. Es decir, al que se le ocurra mentir, va a la calle, es expulsado fulgurantemente. Parece un código de honor de hermandad Beta Gamma Alfa Épsilon con perpetua fiesta toga, pero en la práctica se toman el tema muy en serio.
A vuelta de correo electrónico, Keith me preguntó si quería el dinero en dólares o en euros. Yo le respondí que en euros estaba bien.
A los pocos minutos recibí un mensaje enmarcado en volutas y gárgolas firmado por el decano de estudios de posgrado y que me comunicaba, muy respetuosamente, eso sí, que mi beca había sido revocada sin posibilidad de réplica. El código ético en vigor les obligaba a tomar esa dolorosa decisión, decían. Mi admisión a la universidad de Vineyard, un centro de estudios centenario, situado a escasas millas de Filadelfia, la cuna de la constitución de Estados Unidos, donde los padres de la patria plasmaron los principios que rigen los caminos del sueño americano, quedaba asimismo anulada.

6 pensamientos en “Caution

  1. Chico, como en mi texto solamente podía leer hasta
    lo de prepararte el uniforme de trabajo, me creí que de verdad estabas trabajando ¡tío! ignorante de la informática que soy! fíjate si escribes bien que me colé.
    Bien pero nada de malos pensamientos. La beca permanece. ¡Sí señor!

  2. Nene, eres genial.No te digo más.
    Sonia

  3. Muy bien escrito, si señor, magnífico, yo también creo que eres un genio.

    Pero, ¿te puedo pedir un favor?

    Utiliza tu magia y escribe un texto en el que te visualices en la mejor situación posible que puedas llegar a imaginar…

    Haciendo eso envías una petición al universo y éste coloca los acontecimientos de manera que te acerques a ello.

    Piensa en positivo, escribe en positivo y te automagnetizarás para que te suceda lo positivo.

    Cuanto más agradezcas las cosas buenas que te suceden y más tiempo seas capaz de mantener tu atención sobre palabras como paz, abundancia, fuerza, calma, plenitud, creatividad, inspiración, alegría, risa, felicidad, gratitud, bondad, amor, más recibirás del universo esas mismas cosas.

    Créeme.

    A veces tenemos miedo. Pero el miedo es simplemente una parte de nosotros que no hemos agarrado con cariño, mirado de frente y dicho: “Eres parte de mí, te quiero, únete conmigo en la luz, todo está bien. Solo hay luz, tranquila, no pasa nada, todo está bien”.

    Una palabra cargada de luz y amor contrarresta el efecto de 1.000 palabras negativas.

    Si no me crees haz este experimento que sale en You Tube:

    http://tinyurl.com/yo3zb6

    Utiliza el poder de las palabras para conjurar el universo, haz un ritual, invéntate tu propio ritual. Dibuja un símbolo algo que represente tu propósito superior en la vida (aunque no sepas cuál es) y rubrica tus rituales escritos con ese símbolo. Lo que importa es la vibración mental que toma tu cerebro cuando escribes esas palabras y que te magnetiza para atraer a tu vida lo que pides con tu mente.

    Como hermano que te quiere te pido ese favor:

    Andrés, escribe un texto en el que narres cómo tu experiencia en USA fue un gran éxito y lo feliz que te ha hecho esa vivencia.

    Recuerda una palabra positiva neutraliza 1.000 negativas.

    Con muchísimo amor,

    Héctor

  4. Bueno, Héctor, sería largo responderte. De momento te diré que el cuento se titula ‘Caution’. Es verdad que todo termina mal aunque en la realidad todo me vaya la mar de bien. Pero es que en la literatura lo bueno no es material dramático, me da la impresión a mí.
    Sí, sabía del experimento aquel con el arroz y las palabras, lo hicimos en clase de yoga y dio el mismo resultado que en el video de Youtube. También nos contaron lo del maestro zen que logró rebajar el grado de contaminación de un lago de Nagasaki sólo con sus plegarias. O algo así.
    Este texto en concreto era un juego, influido por los que escribe el autor de Orsai (ver mi blogroll), un simple divertimento escrito en dos horas. Para que mi gente flipara por un momento.
    Pero no es lo que habitualmente me gusta hacer: yo todo lo que escribo intento que salga del corazón y sirva para algo. No me gusta escribir mero divertimento, intento (estoy en ello, el aprendizaje es lento) que contenga esperanza en diversas dosis, depende de la historia.
    Y si la historia es negra pero se atisba un rayo de esperanza (cosa que seguro que no he conseguido con ‘Caution’), me doy por satisfecho. A mí me alegra mil veces más un guiño o una sonrisa que diez mil musicales de Broadway.
    Pero tienes razón con lo que dices.
    Mi chamán preferido, te mando amor a raudales, el que te mereces.

    Andrés

  5. Excelente !! y cai como una boba!!! muy enriquecedor ademas el dialogo entre Hector y tu. un beso a ambos

  6. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAmen!

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