Mundo Dedé

Borradores de la mitad de mí


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Álbum de ahijada guapa

Cumpliendo con el requisito indispensable cuando te nace un sobrino (que en este caso además es mi ahijada) voy a empalagaros y derrochar un poco de miel hasta que se filtre irremediablemente por todas las juntas y tornillos de vuestro ordenador. Es decir, que ahí va una remesa de fotos de la guapísima Lara, que ya es una estrella y todavía no ha abierto esos ojitos achinados que tiene de ratoncito. (Nota interior: la frente es de su mamá, ¿verdad?). Sigue leyendo

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Hogar

Al final me he cambiado esta mañana a otro sitio. No podía esperar, empiezo el lunes las clases. He dejado la casa de las pulgas o los ácaros, no sé qué eran realmente, y la carretera asesina: te juro que si me quedaba un día más me veía arrollado por un camión, camioneta o por una bandada de coches con el tubo de escape roto. Pep me ha vuelto a salvar la vida y me ha traído con su novia esta mañana a las 8.30 a esta casa encontrada in extremis. Es de una señora iraní bastante simpática pero que me ha hecho firmar un papel por el que no puedo traer a casa a nadie (eso ya se verá). Sigue leyendo


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Lara

Héctor y Diana han tenido su primera hija hoy a las 8.30 de la mañana en el hospital de Huercal-Overa (Almería). La niña no sé lo que ha pesado al nacer, pero parece que no mucho. Es pequeñita, de pelo negro y es mi ahijada, además de mi sobrina. Me he enterado a las 7 de la mañana, al despertarme y abrir el correo. Me he emocionado mucho. Me he puesto a llamar por teléfono por el Skype, a mi hermano no lo he encontrado. Me gustaría estar al lado de ellos en este momento. Te dejo la primera foto de Lara.

Con su mamá

Con su mamá


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Puertas abiertas

Esto ya empieza fuerte, las clases de español, entre preparármelas, darlas y atender a los alumnos en tutorías y en horas de oficina -sin tener oficina- me van a ocupar unas 20 horas semanales. Los cursos del máster de Lengua y Literatura Española y Latinoamericana, mi otra jornada laboral, esta vez vespertina, me absorberán unas cuantas horas más. Entre las dos cosas, van a evitar que me aburra. Mientras yo resuelvo los mil detalles antes del lunes en que comienzo oficialmente el curso (hacía tiempo que no estudiaba, que no me juntaba con compañeros para ayudarnos unos a otros: hoy nos hemos pegado una carrera hasta el cuarto piso -yo, en ascensor- Pep y el menda para ver quién cojía el último ejemplar de una antología de poesía de la biblioteca), hay una marabunta de niños y niñas con una uve celeste impresa en sus camisetas colegiales paseándose por el campus. Sigue leyendo


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Dedicado a

Le dedico este post a todos esos que degustan el sabor a pólvora bajando por sus fosas nasales, su garganta y su esófago, a los que no les disgusta demasiado el roce de una carretilla fugaz en los vaqueros (en la pantorrilla desnuda ya es otra cosa), esos que se elevan como un cohete cuando se apagan las luces de Elche y estallan en todas direcciones a la vez que la palmera de la Virgen, una lluvia blanca, eternamente fugaz. De la sandía y los cubatas prefiero ni hablar. Sigue leyendo


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Sueño

Me caigo de sueño, todavía no se me ha ido el jet lag de los cojones. Llevo dos días despertándome a las 5.30 de la madrugada, o sea, todavía de noche. Leo los titulares de los periódicos (estoy quitándome el vicio de leer los artículos enteros: ya no voy a tener tiempo para saber si en Bután se ha restablecido el orden y cosas así), con el ojo todavía pegado sigo mirando mi manual de profesor de español (instructor le llaman aquí al estudiante de posgrado que disfruta de una beca de asistente de profesor, como es mi caso) y hablo un rato por el Skype con mi padre. Más tarde bajo unas empinadísimas escaleras, y luego otras, hasta la cocina de Marilyn, una señora de mediana edad que vive en el porche cubierto de su casa de 1830. Duerme ahí y no en una habitación como haría cualquiera por dos razones: porque es una enamorada de su frondoso jardín y porque su antigua habitación, que quizás un día compartió con su marido, es ahora un trastero. Sigue leyendo