Mundo Dedé

Borradores de la mitad de mí


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Querido y sin embargo jodido diario

Estoy reventado, llevo un día y pico sin poder moverme, desde que terminé el viernes la última clase y me junté un rato con mis compañeros en nuestra improvisada oficina (el laboratorio de idiomas). El día antes, el jueves, estuve ocho horas delante del ordenador pergeñando mi presentación del lunes para la clase de Poesía latinoamericana del siglo XX. Le mandé el texto al profesor y me respondió que le parecía “claro e informativo como debe ser el texto de una buena presentación”. Así que me puse contento. Incluso barajé la posibilidad de salir a tomar una cerveza, llamar a alguien y tal. Pero aquí estoy desde entonces. Sigue leyendo

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Felicidad

Nos hemos sentado tres, dos peruanos y un español, en la cafetería del Connelly Center hoy después de la clase de Short stories of the Americas. Ellos tienen el tren a las 8.20 para Filadelfia, así que les he acompañado un rato mientras ellos se comían un trozo de pizza y yo sólo me bebía un zumo de manzana, que hoy me han sacado el implante y estoy a base de líquidos. Nos hemos puesto a hablar, una de esas conversaciones rápidas, con el tiempo medido, pero a la vez extrañamente productivas. Sigue leyendo


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Elarte

En los comentarios de un taller de literatura virtual al que acudo virtualmente desde hace varios meses reales (aunque ya sabéis que hay dudas respecto a la veracidad del tiempo y el espacio), se montan periódicas polémicas sobre qué es buena literatura y que no, si los best sellers son arte o negocio, coso que nos deriva hacia meandros tan melindrosos como que los Beatles fueran o no artistas. Aunque para mí ese último punto está fuera de toda discusión, sí existen píxeles entre los matices de la escala estratificada de la que se compone la representación de la realidad tal y como la percibimos. Es decir, por qué los Beatles y no Enrique y Ana, por qué Cortázar y no Ruiz Zafón, por qué la tele es casi toda una porquería, por qué Woody Allen es un feliz marginado y sin embargo Bergman era un peñazo respetado. En fin, ¿por qué? Sigue leyendo


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Los álamos

Enfrente abrazan los árboles, ¿sauces, olmos?, álamos. Son álamos. He tenido que mirar fotos en el Google pero me he sentido botánico al cerciorarme, no se me puede culpar habiendo crecido entre edificios. Salvo los domingos en el tastillo del abuelito, donde sí nos subíamos a la higuera o nos dejábamos llover por las ramas de los dos sauces llorones que flanqueaban el pequeño jardín de la casa, salvo aquellos días nuestra naturaleza era el asfalto y el patio (asfaltado al poco tiempo) del colegio. Sigue leyendo