Mundo Dedé

Borradores de la mitad de mí


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Salvarme a mí, salvar al mundo

Acabo de poner una entrada en una página de una asociación de EM en Facebook que me llegó a través de otra amiga afectada. Resume un poco el curso hasta ahora de mi dolencia y por eso lo copio aquí, aunque muchos ya sepáis de qué va e incluso estéis hartos de escuchármelo contar. Además, creo que estaría bien que, los más inquietos o concienciados sobre lo que comemos, le echárais un vistazo a una página (si leéis inglés) que habla de mi último descubrimiento: http://www.the paleodiet.com. Sí, la dieta paleolítica, la anterior al invento de la agricultura, cuando éramos cazadores y recolectores. Casi ná. Me he ido a hace 10.000 años. Que os aproveche. Yo lo dejo caer y me pongo enseguidita a estudiar literatura, que ya está bien. Sigue leyendo

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Galería de monstruos

Traspaso el estos días polvoriento jardín y refugio para pájaros de la señora Sharpe. Polvoriento, no sé bien por qué. Imagino que el frío levanta infinidad de escamas a la tierra. Nada que ver con el polvo del Sahara que nos acompaña de continuo en el Mediterráneo, pongo por caso. Pero polvo al fin y al cabo. Las temperaturas en realidad han subido un poco desde hace un par de días, también hace sol de vez en cuando y dan ganas a uno de encararlo, desafiante. El campus se ha convertido en un lugar manejable, agradable, casi aburrido, si no fuera porque te permite ser espectador de escenas protagonizadas por posadolescentes convencidos de estar viviendo sus mejores años. Nada del otro mundo, quitando proezas deportivas o alardes físicos que sólo sorprenden a un madurito como yo. En realidad, se trata de escenas sencillas como la de un saludo entre amigos: llega él y la abraza a ella de forma aséptica, casi sin tocarla, igual que hacemos los españoles cuando nos besamos en las dos mejillas o, mejor dicho, en el aire de las dos mejillas. Hay juegos de miradas, alguien se toca levemente, una pareja se reúne o se distancia como en un muelle sexual gozoso e invisible y privado. Yo lo reconozco porque fueron alumnos míos y empezaron a salir a los pocos días de empezar el curso. Sigue leyendo


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Navidades volantes

Falta media hora para que llegue la chacha que amablemente nos va a pagar nuestro casero, supongo que para compensar la enorme pérdida que va a suponer su marcha. Hasta ahora nos alquilaba la habitación pequeña por venir un par de veces a la semana sólo a dormir. Y nos rebajaba unos 200 dólares por cabeza, gastos incluidos. Nuestro bolsillo lo va a notar. No ha pasado otra cosa de relevancia a mi vuelta a Graystone Place. Todo sigue igual, los mismos amigos, la misma soledad de los suburbios, el mismo frío. Pero increíblemente, una curiosa sensación de paz y reencuentro. Sigue leyendo