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Borradores de la mitad de mí

Castillejos: “Toda esa gente que parece tan voraz, ¿es que no se sacia nunca?”

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Castillejos

Esta entrevista fue realizada en 2004 a Andreu Castillejos por el periodista Andrés González para ser publicada en la desaparecida guía del ocio Dónde Vamos.

Andreu Castillejos Furió, nacido en Elche en 1942, comenzó a trabajar a los diez años de edad en un taller de fundición. “Las circunstancias así lo impusieron. Autodidacta, pues”, dice en su currículum vitae. En 1966 expuso por primera vez. Desde entonces, ha realizado más de un centenar de exposiciones de su obra, en muestras individuales o colectivas, ha colgado sus cuadros en museos y ha publicado sus fotografías en libros como ‘Elche, Misterio y Palmeral’, editado este año.

Su taller es su propia casa, un piso modesto de un barrio modesto de Elche. A la vista del visitante, un largo pasillo y un par de habitáculos, con cuadros y fotos cuidadosamente almacenados, que hacen las veces de despacho y lugar de trabajo del pintor. En otra habitación, el laboratorio fotográfico. Juguetes de niño estratégicamente desperdigados. Un sofá algo cojo, debido a los saltos de su hijo, según comenta Andreu.

Le pedimos ver algunas de sus últimas obras. Últimamente, ha estado trabajando en una mezcla de técnicas, un cóctel de fotografía y pintura. Figuras humanas. Rotas. Color. Imágenes que hipnotizan. La belleza del pequeño universo de Andreu Castillejos está en sus obras, y en sus vivencias. En esta mañana de octubre, las expone a la vista del curioso.

Pregunta: A mí el arte que me interesa es el que no deja impasible, que no me aburre.

Respuesta: Hay dos formas de entender el arte. El aspecto técnico, es uno de ellos. Pero también se puede entender por los sentimientos. Pongo un ejemplo: técnicamente, no sé nada de música. Pero yo me puedo emocionar al oír una música. Eso es una forma de entender. Y también creo que sé distinguir lo que vale de lo que no vale. Para eso no hacen falta conocimientos técnicos, es puro sentimiento. Y lo mismo ocurre con todo tipo de arte: teatro, cine… la pintura, que te llegue, que te diga…

P: Que te toque a los sentimientos pero que también te haga pensar, te dé un mensaje, que te haga reflexionar.

R: Entre otras cosas, el arte sirve para comunicarse. Ese es uno de los fines, comunicarse con la gente.

P: Y tú, ¿cuál crees que ha sido el mensaje que has querido transmitir?

R: Precisamente, ese es un punto que siempre me ha preocupado mucho. Siempre he intentado decir algo. Hubo un época en la que tenías que decir las cosas de una forma más directa, porque las circunstancias lo imponían. En la época más dura de la dictadura, tratabas de explicar las cosas más, con el peligro de que se podía caer en el panfleto, que tampoco es la función del arte. Caer en el panfleto y olvidarte del aspecto formal es mala cosa, también. Es un 50 por ciento de contenido y otro de continente, para que la obra de arte lo sea realmente. Pero siempre he tenido la preocupación de decir y denunciar cosas. En este momento, quizás están más sugeridas que explicadas. También es más rico si lo sugieres que si lo explicas demasiado. Si lo explicas demasiado no dejas campo al espectador para que piense, para que reflexione. De lo que se trata es que el espectador no pase indiferente por delante de la obra, que se pregunte: “Qué ha querido decirme este”. La sugerencia es un aspecto muy rico del arte. Luego, no he abandonado la idea del principio de trabajar con la figura humana, el ser humano. Pero ya no explico tanto las cosas, más las sugiero. Y siempre tengo una preocupación por la investigación, ir avanzando formalmente, no quedarse estancado. El arte evoluciona. Con la vida. Y tú tienes que estar al día y, tampoco, repetirte. Tienes que estar siempre pensando en que tienes que ir cambiando. Aquello de renovarse o morir. Y si vemos la trayectoria de hace 30 o 40 años hasta ahora se puede ver todo el camino que se ha seguido, en cuanto a la técnica. Hasta llegar a donde se llega. Hay una cuestión: cuando llegas a una cosa que te gusta, piensas que no vas a poder pasar de ahí ya. Pero siempre se encuentra una salida. Al mismo tiempo, me voy siempre a los orígenes, que están ahí. Al dibujo realista. Aunque queriendo decir cosas. Y también utilizándolo para hacer otras cosas, que no se quede la cosa ahí.

P: Técnicamente, ¿en qué punto te encuentras? ¿En una mezcla de técnicas?

R: Sí. Muchas de mis últimas obras están terminadas en el laboratorio. No hago aquello que hacen bastantes de trabajar sobre una fotografía. Lo hago al contrario: pinto primero, hago una especie de sándwich, con montajes, en pequeñito, que me sirve como negativo para terminar la obra en el laboratorio. Ahí se produce otro aspecto interesante, y es que no sabes qué va a salir. Se transforma: los filtros de la ampliadora de color pueden transformar lo que tú has hecho de origen. Con lo cual es más bonito, más divertido y hay más campo para la investigación. Se trata de investigar en el aspecto formal.

P: Que es por lo que empezaste en el arte, porque era algo que te divertía, ¿no?

R: Sí. Es otro de los aspectos. Si siempre haces lo mismo, te aburres. A mí siempre me ha gustado mucho hurgar, en la fotografía también.

P: Volviendo a la temática, en tu obra hay una preocupación por lo social.

R: Siempre he dicho que ser artista es una cosa secundaria. Antes que artista es mucho más importante ser persona. Si no ¿para qué? En ese sentido, como lo que me ha preocupado primero es ser persona, el arte puede tener interés si cumple una función social. Si se hace por puro egoísmo, no cumple esa función. Ya sea de denuncia o de otra cosa. Yo qué sé: el payaso que hace reír a unos niños, está cumpliendo una función social. Por ahí tiene que ir la cosa. Quiero decir, que nunca he olvidado que vivo en un mundo y que, si pinto, hay gente que ha fabricado esa pintura. Está todo interrelacionado. A veces pienso: qué sería de nosotros si no hubiera basureros. Quiero decir que el trabajo, cualquier trabajo, es una cosa muy importante; y el mío es, en definitiva, un trabajo más que, como todos, cumple una función social. A veces, he pensado: ¡Qué sería de la vida sin la música, qué pobre sería el mundo! Sin la riqueza del patrimonio cultural. Ahí está una gran parte de la función de los artistas. Nos puede parecer una cosa lúdica pero es una cosa que surge de la necesidad más prioritaria del ser humano. El arte. El primer artista es el que produjo un hacha para servirse de ella. El hombre no sabía que estaba haciendo arte pero lo estaba haciendo, empezaba a hacerlo. Todas esas cosas que nos puede parecer que son adornos de la vida, parten de la pura necesidad física, el origen está ahí.

P: ¿Por qué viajas? Para conocer más el mundo en el que vives, claro.

R: Por muchas cosas. Por la experiencia que te puede dar el contacto con la gente. El conocer otras culturas distintas también te lleva a respetar las que tienes más cerca, a respetarlas todas y, en cierta manera, intentar defenderlas todas. Cuando uno defiende su propia cultura, no lo está haciendo por ganas de defenderla, está reivindicando que todas las culturas vivan. Ese es uno de los aspectos que te puede dar el viajar. Luego está el enriquecimiento propio de uno, también me enriquece en el aspecto artístico, porque siempre vienes cargado de ideas, de sugerencias, de cosas. Que si te quedas aquí y estás siempre dentro de una urna de cristal llega un momento en que no sabes qué hacer, te pierdes. En ese sentido es muy bueno ver lo que hay por ahí.

P: ¿Tomas notas? ¿Dibujas?

R: Sí. Aparte de la fotografía. Cantidad de veces me han pedido audiovisuales para institutos. Hay cosas que la gente no las conoce y les gusta ver, es otra función que cumple el viaje.

P: Creía que hacías sobre todo fotografía en blanco y negro.

R: En una época que tuve monocolor, entre finales de los 70 y hasta mediados de los 80, fue una etapa en que la gente me encasilló mucho. Eran temas muy directos, la gente lo entendía muy rápido. De lo último se ha visto menos. Ha habido alguna exposición y la gente ha entrado y se ha quedado como desconcertada, esperaba ver lo que siempre habían visto, el dibujo monocolor en grande, sobre madera. Hay quien quiere seguir viendo eso. Pero hay que avanzar, aunque a veces avanzar suponga echar un paso atrás. No siempre aciertas a la primera. Hay veces que la evolución te viene casi sin proponértelo pero hay veces que tienes que romper de forma tajante. Se produce una crisis, que llamamos los artistas. Y puede pasarte eso, que las primeras intentonas sean fallidas, hasta que encuentres el camino. Afortunadamente, de un tiempo a esta parte no he tenido esa crisis.

P: ¿Elche te ha influido en tu obra?

R: No he pensado nunca en eso, pero hay quien dice que no. Curiosamente, una vez me hicieron una crítica que hablaba de eso. Era la época en la que hacía cuadros monocolor, muy directos, impactantes, todo eso. Decía eso, que siendo de una ciudad luminosa… La parte opuesta del tópico, que debía estar haciendo cosas muy luminosas y, sin embargo, era todo lo contrario. Entonces, creo que no debe haberme influido mucho.

P: Pero es tu ciudad, en la que te sientes muy implicado…

R: En la fotografía, sí me ha influido. Hay aspectos como el Misteri que, no siendo de aquí, no habría tenido sentido.

Este año, hace para la Editorial Lunwerg de Barcelona el reportaje fotográfico para el libro ‘Elche, Misterio y Palmeral’, con textos de Gaspar Maciá y Vicente Molina Foix.

P: Cuando vas otro sitio, ¿tienes una idea preconcebida de lo que vas a fotografiar? ¿Te informas antes?

R: Te informas sobre las culturas que pueblan esa tierra. Pero con eso y con todo, siempre te encuentras cosas con las que tú no contabas. Mi forma de viajar ha sido dejándome llevar. Yo voy por ahí, ya veremos qué sale. Viajes de los que mejor recuerdo me han dejado puedo contar los que he hecho a pie. Han sido los viajes más hermosos, porque no hay interferencias, sientes que no contaminas nada, eso es muy bonito, convives más con la gente. Por ejemplo, las tres veces que crucé la cordillera del Atlas o el viaje que hice por la ruta del río Senegal. Son viajes que hoy no sabes lo que te va a pasar mañana. Tú te trazas una ruta que no sabes si está o no está y tienes el aliciente de la incógnita. Y te dejas llevar. Son sitios en los que la hospitalidad de la gente es código de vida, casi. Y eso es lo que hace posible ese tipo de viaje, sino no podrías, no encuentras nada. Son viajes en los que estás muy apartado de eso que se llama la civilización. Entre comillas: resulta que al final los más civilizados son los otros.

P: Elche se está convirtiendo en una ciudad multicultural, a marchas forzadas. En tus viajes por el Tercer Mundo, te habrás dado cuenta de los contrastes, de la razón por la que vienen.

R: Sí, los contrastes son brutales. Lo notas muchísimo, incluso dentro del mismo Marruecos no saben qué hay por encima de la cordillera del Atlas, solo se lo imaginan. Y no digamos si te vas a la India, los contrastes son terroríficos. Eso ocurre en la mayoría del Tercer Mundo, y te marca.

P: ¿Intentas plasmar esa sensación en tu obra?

R: Claro, porque es que me choca. Por ejemplo, a mí la tecnología me parece muy bien. Pero me asusta un poco tanta dependencia. Y luego, me hago una reflexión: yo creo que las grandes multinacionales, que manejan los hilos de todo esto, resulta que investigan para ir avanzando. Pero para enriquecerse, no para mejorar el mundo. Nos encontramos con el contraste terrible de que hay una tecnología avanzadísima pero en la mitad del mundo se están muriendo de hambre. Y el 40 por ciento de la gente que puebla la tierra no ha hablado nunca por teléfono. Hay muchísimos sitios sin luz, a oscuras. Eso te choca. Entonces, ¿para qué tanta tecnología? El día que yo vea que esa tecnología sirve para mejorar la vida del ser humano, vale: ¡chapeau! Mientras tanto, tengo mis dudas.

P: Como en el proverbio indio, cuando se tale el último árbol nos daremos cuenta de que el dinero no se puede comer.

R: De hecho, la tecnología no está preocupada por arreglar nada. Porque los que podemos disfrutar de esas cosas somos muy pocos. Hay muchos contrastes, muchas desigualdades, muchos comportamientos… muchas infamias, mucha injusticia. Y claro, mientras el mundo esté en manos de cuatro multinacionales y no haya la voluntad de los gobernantes de los países de cambiar esa situación, y no la hay, el mundo seguirá rodando igual. Pero al final de todo me hago esta reflexión: toda esa gente que parece tan voraz, ¿es que no se sacia nunca? Si van a morirse igual, ¿para qué tanto acaparar? La desgracia está en que ni viven ni dejan vivir. La verdad es que estamos pasando una época bastante mala. Pero si echas la vista atrás, el mundo no ha cambiado tanto. Desde que yo me reconozco, la situación del mundo era así: guerra por todas partes, como ahora.

P: Has formado parte del Comité de Solidaridad con América Latina y viajaste a Nicaragua cinco años seguidos durante los años de la Contra. ¿Cómo viviste aquello?

R: Esa era la excusa en aquella época, cuando surgía un movimiento porque la gente se moría de hambre, los tachaban de comunistas y a por ellos. Ahora se han inventado el terrorismo internacional, que ellos mismos producen.

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