Mundo Dedé

Borradores de la mitad de mí


Deja un comentario

Crítico, cáustico, eléctrico, falso                  

Underwood_No_6_Desktop_Manual_Typewriter_1937_001

Ha ocurrido algo milagroso, loado sea Lucifer

Once años después de aquel episodio que atacó a la mitad de mí,

Me encuentro de repente curado, oh Satanás

Aunque igual son los corticoides

Una ilusión pasajera

Un sueño

Tal vez despierte

Camino con soltura e incluso me ha regresado sensibilidad,

Parcialmente,

A las manos, a los dedos meñique y anular, exactamente

Podré tal vez volver a escribir a máquina

Golpeando vengativamente con toda mi mano abierta

Y todas mis fuerzas

Como hacía Hemingway de pie frente a su Corona portátil

En Madrid durante la guerra

Para pasmo y lubricación de la periodista Martha Gellhorn

Pero sobre todo, hermanos, está lo de la paz de espíritu

También (bueno, esto no) puede ser por los corticoides

Siempre las drogas, malditas seáis todas

No, esta vez se debe a mi último hallazgo,

a la gema escondida en la piedra

una combinación de aceites que engrasa mis juntas y nervios

Era lógico: debía volver a mi tierra

Al cáñamo y al aceite de oliva virgen extra

A la marihuana (medicinal, de momento) y al olivo milenario

Humildes productos que atemorizan tanto a las farmacéuticas

A los gobiernos y sus dueñas las multinacionales

Mis conductos se calman, mis ancestros se liberan

Todo en mí respira aliviado de décadas a la defensiva

Crítico, cáustico, eléctrico, falso

Gracias a un aceite

Aunque también puede ser por los corticoides

Un sueño

Un alivio momentáneo

Mis manos

¿Dónde estará la Underwood de mi abuelo?

Anuncios


Deja un comentario

Prednisolona

Llevo tiempo buscando la verdad

Como un iluso

Me he topado con gente que la daban por perdida

Y vivían entregados a la mentira

Como si fuera la verdad

No hablo de política

O no solo

Hablo de más cosas, las que me han convertido en un ingenuo

Un inocente esclerótico

Quizás la enfermedad me ha dado un respiro

Para pensar, para tumbarme y pensar

Mientras veo Homeland o House of Cards

Esos jueguecitos de manipulación de los gringos

Quiero saber la verdad

O al menos necesito ser capaz de comunicar MI verdad

Si no me permiten saberla

Que será lo más probable

Un pardillo como yo, ¿a quién le importa?

Voy a volver a apagar la televisión

Lo anuncio solemnemente

Mis años más productivos fueron sin telediarios

En EEUU me miraban como a un loco cuando les decía que no tenía televisión

Escucharé podcasts de Radio Libertad Constituyente, me aprenderé cada anécdota de García Trevijano, el viejo promotor de la platajunta, amigo de don Juan y enemigo del traidor Juan Carlos, al que deslumbró con un Maserati descapotable

Quiero decir la verdad

Debería aprovechar ahora, bajo los efectos desinflamatorios de los corticoides recetados para recuperar la visión y deshacerme de la visión borrosa, doble y temblorosa, del ojo derecho, regalo de mi último brote

Hacía 4 años que no tenía un brote, casi lo echaba de menos

No el deterioro físico que conlleva, sí el mensaje subyacente: “aprovecha, vive el momento, carpe diem, mañana puede ser peor, beatus ille, disfruta de tu refugio, locus amoenus, vuelve a enamorarte, tempus fugit, el tiempo se acaba”

Después del coñazo electoral, me retiro

Todavía más

Escribiré de una vez por todas

Todas las verdades que me quedan por escribir

Me duela a quien me duela

Voy a ver qué hace Saúl Berenson

Disculpen


Deja un comentario

Posonia

12809636_10153917662263070_2243259288545768639_nEste es un poma para Pomia, soniando sonios en forma de posia para Soña, te lo entrego hermana, Sonia que soña, tan pequeña como un soema para Soña pequenoa, m da risa solo d pensarlo, Sonia pero te llaman Soña, y Personia. Te lo escribo pa que sueñes, soniando, suenas soñando sonidos q bailen poemas. Y a la vez q suenas palmeras al viento, yo te mando besos pequenios pa q suenes y rías, con piernas como poemas sueñados q suenan a risa y a llanto.
Muchos bersos por tu cumpleaños hermania.

Poema para Sonia González Sánchez escrito el año pasado.


Deja un comentario

Niños muertos y la visión de algo incomprensible

gonzalez_monteagudo_nazario_mayor

Juan

Tú no lo sabes, pero aquí estoy yo más de 80 años después haciendo cosas rarísimas por tu culpa. Frikadas, las llama un amigo mío.

Mira, Juan, podría contarte lo que he aprendido de la vida en tu ausencia. También restregarte que he vivido 41 años más que tú. No sé si mejor que tú, eso sí. Todo eso me parecería terriblemente injusto contigo. Sería un imbécil si lo hiciera. También podría cambiar de tema y ponerte los dientes largos con alguna información que de seguro apreciarás. Me refiero a que desde que te fuiste existió Maradona. Y Messi. Por ahí tampoco voy a ir, es cruel. Y tú solo tienes seis años, no te mereces algo así. Aunque tú hubieras sido más de Pelé, es más de tu época. De tu hipotética época, si hubieras vivido.

Cómo es el ego, me tienta a hacerte ver lo que te has perdido, chiquitín.

El otro día me hiciste llorar, cabronazo. Tú allí, de pie en la esquina de la plaza del Raval. El mismo lugar, aunque al otro lado de la plaza, en el que tuvo una bodega mi tío el Adrià. Mi tío abuelo, como tú, pero por parte paterna. Parece que todo ocurrió en ese lugar: tu accidente, la vida de Adrià, sus partidas de cartas con los amigos que iban a tomar el café y el digestive a la salut de tots vosaltres, collons!

Sigue leyendo


Deja un comentario

Gracias

Yo en Fnac

Gracias a todos los que habéis querido seguirme en Mundo Dedé. Aquí voy a ir compartiendo las entradas de los borradores de mi futura segunda novela, que todavía lleva pañales. Tengo 12 capítulos esbozados, pero con el número 2 ya os podéis ir haciendo una idea de qué va a ir la cosa. El 1 todavía está solo hilvanado. Lo considero quizás el más importante y le tengo mucho respeto. Lo que sí puedo decir es el título de todo el libro, que es el segundo de una presunta trilogía que se llamaría «El árbol del día y de la noche». Este segundo volumen lo he bautizado «Nieva sobre nevado». Como adivinareis, tiene un componente político importante. Es mi manera de desquitarme de mi breve experiencia política creando en un mundo ficticio la sociedad que yo y muchos soñamos. Cada vez tengo más claro que tus esquemas mentales son más sólidos que los reales. Y sobre todo, seguro que más gratificantes, ya que sólo dependen de uno, no de las luchas entre muchas mentes cada una tirando para su lado. Aquí, en pocas palabras, el que manda soy yo. Eso sí, con permiso de todas las personas que vivieron o recuerdan los episodios narrados o imaginados. Una vez creado este universo particular, habré cumplido una deuda pendiente y largo tiempo prometida, la de contar (a mi manera) la historia de mis abuelos, de sus vivencias de guerra y exilio. He llegado a la conclusión de que en esta historia que tanto ha marcado a mi familia paterna (la materna será protagonista de la tercera), está la clave de mi propia vida. De la pasada y de la que queda por venir.


2 comentarios

Visita real

captura_de_pantalla_2013-05-12_a_las_11.44.11

En aquella época todavía tenían la fea costumbre de vallar los parques. Antes los jardines se cerraban por miedo a los ladrones o a los animales; no existía el concepto de parque público, eran espacios privados, propiedad de ricos o nobles. Sería por miedo a que una sola cabra pudiera desflorar todo un rosal mimado pacientemente por el jardinero. La valla de espadas forjadas de la Glorieta, un cuadrilátero amedrentador con el tenderete para la banda de música situado en el centro, cerraba sus cuatro puertas por las noches para proteger el paraíso, antes en invierno que en verano (cuando llega el calor siempre se amplía el horario para disfrutar de la fruta prohibida del árbol del conocimiento del bien y del mal). Por la mañana llegaba “El Guardieta” arrastrando entre geranios sus alpargatas negras de esparto (con el meñique de cada pie fuera) y abría a los ilicitanos los paseos de tierra con forma axial delimitados por quioscos en los cuatro vértices: Rico y Burló vendieron allí quintales de prensa, cromos, pipas, almendras garrapiñadas, chicles. Los niños más pequeños jugaban a las canicas o a la comba o a la rayuela en el centro; los padres los vigilaban caminando en círculos; los jóvenes giraban, los chicos en una dirección, las chicas en la otra, y se hacían los encontradizos y formaron infinidad de parejas durante décadas. Los niños más revoltosos, que iban solos, triscaban por los parterres y “El Guardieta” los ahuyentaba con un látigo hecho de palma. Sigue leyendo


Deja un comentario

Diario Dedé

imageEl primer diario que escribí todavía andará por ahí en alguna caja de cartón después de haber pasado décadas en cajones de cómodas o en baúles llenos de trabajos del colegio y apuntes del instituto y la universidad que sobrevivieron a mudanzas y hogueras. Hace poco encontré el diario que escribí en Nepal, tenía tapas duras y páginas blancas como la mayoría de libretas utilizadas para escrituras más o menos literarias. Luego los soportes fueron digitales, primero en armatostes de teclas casi tan duras como la máquina de escribir de mi abuelo, luego en mi primer portátil y desde un antiguo caserón de Pensilvania. Ahora estoy deslizando la yema de mi pulgar y se dibujan líneas calabaza sobre un teclado virtual que manda palabras a una mini pantalla de mi teléfono. A quien se lo dijera ahora me colgaría de los talones y me haría negar tamaño sacrilegio escritural mientras me golpeara con una regla en los tobillos.

Mi vocación de escritor se despertó con los diarios y esos cuadernos de tapas duras y hojas color hueso. Ahí depositaba esporádicos pensamientos sacados de vivencias juveniles, esperanzas y deseos confesables. Nunca imaginé que esos artefactos de aromas románticos hoy se transformarían en un trozo de plástico táctil hecho en China. Lo que sea con tal de no dejar de lado mi antigua vocación.