Mundo Dedé

Borradores de la mitad de mí


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5 años

He subido el programa homenaje a mi padre a la nube, espero que desde allí él lo pueda escuchar. Vale mucho la pena, disfrutadlo!

Ahí leo, arropado con la música de mi hermano Héctor González, este poemita. Gracias, Nazario por esa hermosura de programa de radio!

5 años

Señor padre que estás en los cielos
O, como dice Naza, en un viaje muy largo, a un lugar muy lejano
Para mí no te has ido por mucho que a veces vaya a llamarte y mee quede mirando el móvil con cara de me han estafado
A continuación me pongo a pensar a quién podría llamar en tu lugar, quién taparía ese hueco
Salgo al campo confundido y, como decía Ducho, pregunto si han visto a lo lejos a un padre sin un hijo y con una pala
Será que debo graduarme mejor los cristales de las gafas de lejos, las de ver con claridad en los viajes largos
No te has ido porque sé que me mandas mensajes, en sueños o a través de otras personas, que intercedes por mí como cuando sí estabas
Igual que hace tu padre, el abuelo, que ahora te acompaña y me dicta un libro del que me veo incapaz de cambiar una letra sin su permiso
O como hacía la Memé, que lo dejó todo dicho y ahora ya no necesita manifestarse por ningún medio o materia
Se cumplen 5 años y será posible, no me lo puedo creer, qué rápido pasa todo, qué velocidad de crucero
Cuando menos te lo imaginas, los hijos crápulas se convierten en padres íntegros y estos en abuelos gordos y bonachones
Y los niños siguen poblando la tierra y, de repente, todos preguntan si han visto pasar padres sin hijos y con palas
Me tengo que limpiar las gafas


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Medio siglo

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Ahí en ese horizonte estoy yooo con mis 50 años a cuestas
Se me ve revolotear la espuma del mar y de la cerveza
Como si no hubiera pasado absolutamente nada
O casi, tampoco quiero exagerar
Suena like a virgin impunemente en este chiringuito, amigos, como si fueran los 80 y yo siguiera sin cabeza, como sii esto no fuera Almería en invierno y sí Santa Pola un agosto lejano y con monotonía de tómbola
Me voy a echar encima el miedo siglo con alegría atronadora
Con ese runrún y ese regomello de sepias y tridentes
Con all i oli caliente los días que te amo, caricia mía, luz de año nuevo, guirnalda de colores, tan verde como roja y púrpura
Soy tú en este momento de pequeñas crestas que vienen y van, de medias frases que oigo pasar, de palabras fichas con aroma extranjero o simplemente deje turista
Soy los que no estáis conmigo, no se puede estar en todas partes, lo sé, os disculpo aunque no olvide
Todos estos años y yo tan campante, altisonante, tante, te ti, contigo, que viernes con las olas y el color fucsia de tus farolillos chinos, conjuntamente con mis pensamientos
Ha tanto tiempo pasado, se ve en las capas geológicas de mis manos blancas, en los grises a contrapié, no solo los jueces de invierno
Y yo río lo más grande, maricones, me meo de risa, tía Felisa, me como el pescadito frito, cariños
Y faltan dos días para mí cumpleaños, ya sabéis, y termino que ya está bien, me cuesta levantar las miradas hacia ese azul salpicado de alas de ave marina
Pero se acerca la hora de comer, niños a la mesa


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Esclerosis, mon amour

Pulso con dos dedos. Poesía digital, diría mi padre. Por el dígito, aclararía. Uno de los chistes familiares, más viejo que la tos, que repitieron y repitieron y explicaron y explicaron y repito yo ahora impunemente.
Escribo chamuscado por la informática, ese nuevo invento para torturar a seres inocentes, como antes existió la televisión o el luteranismo, dice Eugenia cuando apaga la aspiradora. Si voy al infierno, me darán un trabajo de informático para la eternidad. Sin horarios ni seguridad social, como mi antiguo trabajo en el periódico.
Debió ser ese el motivo de mi esclerosis, diría mi hermano. Los mosqueos ante la pantalla del ordenador, digo yo. Cuando usaba pc y hubiera asesinado sin importarme en ese momento pasar 40 años en chirona, hubiera sido de los que pegan 60 puñaladas aún sabiendo que con la primera había suficiente.
Hay otros motivos, según he sabido después fruto de mis 11 años de investigaciones y mamarrachadas paralelas. Ahora no entraré en ello, sobre todo porque es largo de explicar y estoy profundamente cansado. Es un cansancio interno, íntimo, un eco de la tensión constante de mi sistema nervioso. Luego hay otras capas de dolor, o más bien de cansancio, o rigidez, o espasticidad. Siento los avatares del sistema nervioso central, al igual que todos los seres sufrientes. Pero luego, a otro nivel, hay más estratos de percepción sensorial, sin entrar en la extrasensorial. Como un sistema debajo de otro sistema, debo tener otro cableado además del evidente. Y ese también se retuerce y grita. No sé de quién es, aunque he delimitado el grupo de sospechosos.
Lo de los dedos tiene su aquél. Los índices son de los pocos que poseen sus facultades originales. Disminuidas, pero útiles, al fin y al cabo. Soy yo el que toca parcialmente, al que se le impide acceder al plano táctil en su plenitud, el que no puede descargarse la última versión del software. El que lleva una aplicación básica. No Premium. Y de manera similar, al que que la realidad se le vuelve irreal, los objetos físicos le molestan, se le caen de las manos, le golpean, las paredes se interponen, los automóviles se emborronan en la carretera monótona. Y lo peor: veo a la presentadora del telediario doble.
Y al fin y al cabo, o a la postre, me alegro. El primer ingreso fue largamente deseado, supuso el fin de una época y el comienzo de otra. Terminó con una etapa dolorosa y comenzó otra invalidante, incapacitante, con otras habilidades, se dice ahora, pero, al fin y a la postre, at The End Of The Day, reveladoramente vital, jodidamente feliz. Y lo dice alguien que no cree en la felicidad. Y quizás por eso, al fin y al cabo, soy feliz. Finalmente.
Como ves, también soy de los que explican el chiste. El chiste que es la vida, que se cuenta a pesar de que muy pocos se rían, y además se explica para volatilizar la poca gracia que pudiera tener. Con dos dedos.


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Crítico, cáustico, eléctrico, falso                  

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Ha ocurrido algo milagroso, loado sea Lucifer

Once años después de aquel episodio que atacó a la mitad de mí,

Me encuentro de repente curado, oh Satanás

Aunque igual son los corticoides

Una ilusión pasajera

Un sueño

Tal vez despierte

Camino con soltura e incluso me ha regresado sensibilidad,

Parcialmente,

A las manos, a los dedos meñique y anular, exactamente

Podré tal vez volver a escribir a máquina

Golpeando vengativamente con toda mi mano abierta

Y todas mis fuerzas

Como hacía Hemingway de pie frente a su Corona portátil

En Madrid durante la guerra

Para pasmo y lubricación de la periodista Martha Gellhorn

Pero sobre todo, hermanos, está lo de la paz de espíritu

También (bueno, esto no) puede ser por los corticoides

Siempre las drogas, malditas seáis todas

No, esta vez se debe a mi último hallazgo,

a la gema escondida en la piedra

una combinación de aceites que engrasa mis juntas y nervios

Era lógico: debía volver a mi tierra

Al cáñamo y al aceite de oliva virgen extra

A la marihuana (medicinal, de momento) y al olivo milenario

Humildes productos que atemorizan tanto a las farmacéuticas

A los gobiernos y sus dueñas las multinacionales

Mis conductos se calman, mis ancestros se liberan

Todo en mí respira aliviado de décadas a la defensiva

Crítico, cáustico, eléctrico, falso

Gracias a un aceite

Aunque también puede ser por los corticoides

Un sueño

Un alivio momentáneo

Mis manos

¿Dónde estará la Underwood de mi abuelo?


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Prednisolona

Llevo tiempo buscando la verdad

Como un iluso

Me he topado con gente que la daban por perdida

Y vivían entregados a la mentira

Como si fuera la verdad

No hablo de política

O no solo

Hablo de más cosas, las que me han convertido en un ingenuo

Un inocente esclerótico

Quizás la enfermedad me ha dado un respiro

Para pensar, para tumbarme y pensar

Mientras veo Homeland o House of Cards

Esos jueguecitos de manipulación de los gringos

Quiero saber la verdad

O al menos necesito ser capaz de comunicar MI verdad

Si no me permiten saberla

Que será lo más probable

Un pardillo como yo, ¿a quién le importa?

Voy a volver a apagar la televisión

Lo anuncio solemnemente

Mis años más productivos fueron sin telediarios

En EEUU me miraban como a un loco cuando les decía que no tenía televisión

Escucharé podcasts de Radio Libertad Constituyente, me aprenderé cada anécdota de García Trevijano, el viejo promotor de la platajunta, amigo de don Juan y enemigo del traidor Juan Carlos, al que deslumbró con un Maserati descapotable

Quiero decir la verdad

Debería aprovechar ahora, bajo los efectos desinflamatorios de los corticoides recetados para recuperar la visión y deshacerme de la visión borrosa, doble y temblorosa, del ojo derecho, regalo de mi último brote

Hacía 4 años que no tenía un brote, casi lo echaba de menos

No el deterioro físico que conlleva, sí el mensaje subyacente: “aprovecha, vive el momento, carpe diem, mañana puede ser peor, beatus ille, disfruta de tu refugio, locus amoenus, vuelve a enamorarte, tempus fugit, el tiempo se acaba”

Después del coñazo electoral, me retiro

Todavía más

Escribiré de una vez por todas

Todas las verdades que me quedan por escribir

Me duela a quien me duela

Voy a ver qué hace Saúl Berenson

Disculpen


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Posonia

12809636_10153917662263070_2243259288545768639_nEste es un poma para Pomia, soniando sonios en forma de posia para Soña, te lo entrego hermana, Sonia que soña, tan pequeña como un soema para Soña pequenoa, m da risa solo d pensarlo, Sonia pero te llaman Soña, y Personia. Te lo escribo pa que sueñes, soniando, suenas soñando sonidos q bailen poemas. Y a la vez q suenas palmeras al viento, yo te mando besos pequenios pa q suenes y rías, con piernas como poemas sueñados q suenan a risa y a llanto.
Muchos bersos por tu cumpleaños hermania.

Poema para Sonia González Sánchez escrito el año pasado.


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2 años

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Querido papá, ya hace dos años que te fuiste como un resoplido de Buda bueno y satisfecho.

Como recuerda Nazario al principio de esta grabación, te esfumaste mientras escuchábamos a Maria José leer “El Principito” en francés, todos rodeándote en la habitación de la clínica Vistahermosa.

Tú estabas en coma desde la noche antes en que te dieron más morfina para aliviar el dolor, o para regalarte una muerte amarga como el beso de la amapola.

Ana, que se portó como una jabata todas aquellas últimas semanas sin saber nadie que eran las últimas, suspiraba los dedos y entrelazaba ayes y náguaras.

Recuerdo el llanto desgarrado de Cristina, de repente, que me dejó sin palabras y a Juan Carlos abrazándose a sí mismo.

Yo, más sancochado que cuando ella misma me confesó dos días antes que te quedaban dos días, según los infames galenos.

Nunca me han acuchillado el estómago, pero aquella noticia fue como un tajo de bisturí que provocó un chorro santo de gamma globulina.

El tío Patri, tan ciervo herido también por sus propios tumores, estaba sentado en una butaca del fondo y se deshidrataba llorando, era un mar de pena, mi pobre tío Patri a sus 80 años.

Había gente más entera, milagrosamente, como si todo fuera a continuar igual: el cigarro de la entrada, la tostada con mantequilla, comprar el periódico, ¡a mí qué me importará lo que pase más ya!

Yo te toqué en la mejilla como despidiéndome y grité algo, desquiciado: ¡Qué grande eres, papá!

No fui original, era lo que te decía tu padre, Nazario, cada vez que se le henchía el corazón al ver una representación tuya.

Luego cada vez estuviste más frío. Más vestido de traje. Más peinado y con aspecto de hombre cabal y juicioso.

Hasta que te acompañamos a la puerta de ese averno de pacotilla que devuelve astillas de ataúd y cenizas cuando le has introducido tanta carne alada.

La última noche te dije que te quería y discutimos un poco sobre quién quería más a quién. Fue la primera y la última vez que me diste la razón.

Y ya no he vuelto a hablar contigo, salvo cuando me llamaste por teléfono mientras dormía. Contesté: “¿Andrés?” “¿Papá?” Y se cayó la llamada desde el multiverso en el que te encuentras ahora.

Estos días he llorado con el programa de radio que Nazario te ha hecho, pero quiero que sepas que el llanto ha surgido del subconsciente porque yo cada día recibo mensajes y consejos tuyos, cada día te escucho y las canciones que nos unen, como la que abre este programa dedicado a ti (no perderse el principio y el final), canciones como la de tu gran amiga Teresita, que ahora te acompaña, traspasan los velos.

Programa XIII Possiqueteveré. Gaceta cultural de La Carátula.

Sol FM

Dirección: Nazario González.

Sonido: Juanjo Martínez.

Música: Teresita Fernández, Héctor González, entre otros.

Locutores: Marina Teresa González, Patricio Vidal Carpio.

Reporteros: Patricio Vidal González, Mayte Sierra.


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Esencial

Esencial

Para mi hermana Sonia, después de haber visto su solo telúrico

Yendo a lo esencial, encontramos los rastros del polvo de estrellas que todavía componen la epidermis del mamífero homo sapiens, el ADN del cabello de Lucy, los fósiles de todos sus descendientes presentes en la Tierra a raíz de estallidos, erupciones y ríos de lava volcánica que tuvieron lugar a las tres de la tarde de un día de noviembre de hace 4.550 millones de años, minuto más, minuto menos.

Yo me acerco hasta una sala tenue tiempo después apoyado en un bastón heredado a través de mi abuelo y mi padre. Es el aniversario de ese día explosivo y germinal, todos los componentes químicos celebran con choques de copas de champagne, rozando sensualmente las órbitas de sus electrones, vibrando sus cadenas genómicas al unísono aunque sin saberlo y gritando viejos cánticos ancestrales de tormenta, magma y granizo asesinos, regeneradores, cultivadores de nuevas capas geológicas en estratos pacientes que acumulan siglos unos sobre otros.

Ese espectáculo natural primigenio se entabla en la sala, a los pies de una mujer salvaje que danza y tirita a los sones de los instrumentos musicales de la jungla, el monte, la llanura, el desierto y los valles apesadumbrados por la erosión de tantos milenios, un baile entrelazando generaciones con una aguja de hueso y un hilo de piel de cabra mientras llora el eco de una flauta y se ríe el consquilleo de un palo de lluvia.

Mi bastón me impulsa fuera del cubo donde ha tenido lugar la fiesta de aniversario de la Tierra, vuelvo sobre mis pasos reptando junto a reptiles, anfibios y peces, que me espera un pincho de tortilla en una de esas playas de moluscos triturados por las centurias, al lado de un grupo de sirenas y gigantes adormecidos por la digestión del tiempo.


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Estoy viajando desde las más altas altitudes de la esfera

Houston
Houston, Texas

Estoy viajando desde las más altas altitudes de la esfera, de los astros reverberantes sobre nuestras cabezas calvas. Cojeo alegre por los surcos del polvo de estrellas que deja un Boeing a mi paso. Y aquí me veo al final del trayecto de la mano de un alma hecha de partículas de carbono, tal como yo. Me lleva y la llevo recompuestos ambos de nuestros pedazos, sin ser conscientes de que hemos bajado de los últimos escalones de la esfera famosa. Sin saber todavía los grados de latitud o los microsegundos que nos separan en este juego de largo alcance y corto recorrido.
Hay expertos (los más agoreros) que dicen que al mundo tal como lo conocemos le quedan 16 años, que no es nada o lo es todo. Después, o ya antes, se deshelarán los polos, desaparecerán Inglaterra e Irlanda bajo las aguas. Entonces, cuando se extinga el 80 por ciento de la humanidad, volverán a poblar la tierra unos seres gigantescos de más de 4 metros de altura, unos hijos de dioses caídos del cielo y los herederos de los hombres, que esta vez no tendrán más remedio que aprender a cultivar la tierra y a disparar con arcos y flechas, como hicieron nuestros antepasados.
En ese momento, mi alma de partículas de carbono y yo, todavía enamorados como la primera vez, nos sacudiremos el agua del pelo enmarañado y viajaremos por un mundo nuevo en el que los demás seres también hablarán un idioma poético en el que lo inefable se dirá con metáforas para así ahondar e ir más lejos de la propia naturaleza de las cosas. Ese grado de comprensión será comparable al que tiene una planta con la luz del sol, del que se nutre y se transforma. Y una vez limpiado el planeta de cañas secas y del barro de los pies, mi alma enmarañada y yo comeremos junto al río, construiremos una cálida cabaña y miraremos al esplendoroso cielo por toda distracción.


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Poema de no amor número doscientos millones

Teresita_Fernandez

A Teresita Fernández

No puede haber soledad para ti mientras yo exista. Así cantaba esta juglar pobre, nómada y libre. Enlazaba un verso con otro con un seseo que me recordaba al de la Memé cuando cantaba en las sobremesas familiares. Sus mejillas sonrosadas por todo ese nomadeo, y también por ese ron, me hacen adivinar las facciones de mi padre, su gran amigo. He visto en el documental de aquí abajo a Teresita señorita, joven, elegante, una preciosidad. Ha sido muy fugaz, una instantánea, como suele serlo también la juventud, que pasa corriendo y te deja con la boca abierta. Justo hoy, al rato de encontrarme con mi no amor, que me visita periódicamente, mensualmente, por un día o dos, para recordarme esta soledad. Me había ilusionado con alguien inexistente y lejana, que también tiene derecho al amor, todo sea dicho. Una vez más me visita esta soledad tan inoportuna. Me han hecho también esta mañana una entrevista y creo que me han preguntado, entre otras cosas, qué es para mí el amor. Me parece que he hablado de espejos. Pero la pregunta me ha obligado a pensar qué es realmente para mí el amor. No lo sé. Quizás para mí sea esta canción de Teresita, la emoción que desprende alguien de 80 años subida a la noria de la vida hablando por los codos. En tres semanas en casa ya nos había contado las mismas anécdotas tantas veces… Y ahora me canta que no puede haber soledad para mí, mientras ella exista. Y ya no existes, Teresita. Tampoco la Memé ni mi padre. Solo me queda escribirte este mi poema de no amor número doscientos millones, que vibra entre las cuerdas de tu guitarra, de tus dientes mellados, de tu tabaco mascado, del hígado machacado. Mi amiga Teresita, vuelas alrededor de mi desengaño y alegras tantas imágenes gatunas, millares de canas en mi memoria, los días van pasando sin vosotros, aquellos trovadores y cómicos de la legua que me arropasteis la juventud. Y me enseñasteis que no puede haber soledad para mí. Aunque ella no exista.

Documental sobre Teresita Fernández: